
Un devocional para cuando estás cansado de intentar dar la talla
Seamos honestos un momento:
Puedes hacer todo “bien” y aun así sentir que no es suficiente.
Puedes ser exitoso, generoso, atractivo, espiritual, disciplinado… y aun así sentir que falta algo. Como si hubiera un peso en tu pecho que susurra:
“Ya deberías ser mejor.”
“Todavía no estás donde deberías estar.”
“¿Por qué no puedes simplemente poner tu vida en orden?”
¿De dónde viene eso?
El Juez Interior
Todos tenemos esa voz dentro. Ya sabes… esa voz.
Es como un tribunal invisible en el que siempre estás siendo juzgado, tratando de demostrar que eres digno, aceptado, amado, suficiente. Y a veces ese tribunal se hace aún más ruidoso cuando empiezas a explorar la fe. Porque ya no solo intentas ser suficiente para las personas… también te preguntas si eres suficiente para Dios.
Déjame decirte algo que me tomó años creer:
No tienes que ser “suficiente” para Dios.
Porque Dios nunca te pidió que ganes Su amor en primer lugar.
Palabra Viva de la Escritura
“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” — Romanos 5:8
¿Lo captaste?
“Cuando todavía éramos pecadores…”
No “después de arreglar nuestra vida.”
No “una vez que entendimos todo.”
No “cuando por fin creímos lo suficiente.”
Dios dio el primer paso. No esperó a que nos volviéramos “suficientes.” Él vino a nosotros tal como somos—con caos, dudas, heridas y todo.
Imagina que encuentras una vieja herramienta oxidada en tu garaje. Parece inútil. Ni siquiera funciona bien.
Pero en lugar de tirarla, alguien que entiende de herramientas la toma, la limpia, la afila, la restaura—y la usa para algo significativo.
Quizás mires tu vida y pienses:
“¿Qué de bueno puede salir de mí?”
Pero Dios ve más allá del óxido.
Él ve potencial, propósito y valor.
No porque seas brillante o impresionante.
Sino porque eres Suyo.
Ten cuidado a quién escuchas
Esa voz en tu mente que dice:
“No eres suficiente.”
¿Sabes qué? Esa no es la voz de Jesús.
Jesús no te avergüenza para que cambies, Él te ama hasta que llegues a ser.
Hay una gran diferencia.
La vergüenza dice: “Ya no tienes remedio.”
Jesús dice: “Ven tal como eres—Yo me encargo de ti.”
Ponlo en práctica hoy:
Tómate 60 segundos, deja el teléfono y respira. Solo siéntate con esta frase:
“Dios me ama como soy, no como debería ser.”
Repítela varias veces.
Luego di:
“Jesús, si realmente me amas así, ayúdame a creerlo. Ayúdame a vivir como si fuera verdad.”
Pensamiento final:
Puede que no sientas que eres “suficiente,” pero eso no cambia cómo Dios te ve.
Su amor no depende de tu desempeño—depende de Su carácter.
Y Él no se irá a ninguna parte.
Leave a comment